DECLARACIÓN PÚBLICA
FAPMP INFORMA
Resulta imprescindible analizar el
panorama político venezolano a través de una línea de tiempo que inicia con la
llegada del Comandante Hugo Chávez al poder y la puesta en marcha del proceso
político bolivariano. Este proceso evolucionó hacia un curso antiimperialista,
consolidando lo que hoy definimos como la Revolución Bolivariana y
Antiimperialista.
Como organización social de base con
más de 36 años dedicados a difundir y mantener vigente el legado de Alí Primera
—quien fue un antiimperialista y defensor incansable de las causas justas del
pueblo venezolano—, nos posicionamos como actores políticos regidos por la
ética y la moral. Basados en un pensamiento antihegemónico, pronunciamos
nuestro más enérgico repudio a la injerencia del gobierno norteamericano y de
su aliado, Israel.
Observamos con preocupación la falta de
memoria histórica de ciertos sectores de nuestra dirigencia al pactar alianzas
con quienes nos impusieron sanciones que aún asfixian nuestra economía.
Recordamos que, mediante la Orden Ejecutiva 13692 firmada por Barack Obama el 9
de marzo de 2015, Estados Unidos declaró a Venezuela como una "amenaza
inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior".
En consecuencia, manifestamos nuestro
pleno respaldo a las acciones del Frente Popular Antiimperialista (F.P.A.) en
su labor de denunciar las pretensiones imperiales. No hay lugar a dudas en
exponer la hipocresía de un agresor que hoy pretende sobarnos con la misma
vara con la que nos atacó, especialmente tras el cruel secuestro del presidente
constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y de
la diputada Cilia Flores, en el marco de una invasión disimulada para el
control de nuestros recursos.
La política imperial
desde siempre ha necesitado preservar la doctrina Monroe
“América para los americanos” la cual retomo el presidente norteamericano, y la
"Corporocracia" que es el gran capital y el estado profundo, busca
garantizar su hegemonía mediante la guerra para obtener el control de las
riquezas globales. Esta estrategia de dominación se ha basado históricamente en
dos pilares: la mentira y el aislamiento internacional de los pueblos y sus
gobiernos.
Tras años de injurias a través de sus
medios de comunicación, el imperio logró concretar sus objetivos en 2015 con el
decreto de Obama. Esta narrativa, sumada a las acciones entreguistas de la
derecha venezolana que solicitó la intervención extranjera, culminó en la
incursión del ejército de EE.UU., en territorio venezolano. Esta violación
flagrante de la soberanía y los tratados internacionales resultó en el cobarde
asesinato de 32 hermanos cubanos y más de 40 venezolanos el pasado 3 de enero
de 2026. Hoy, Venezuela es tomada como rehén bajo la premisa del presidente
estadounidense: "Al vencedor le pertenecen los despojos".
Desde 2025, hemos sido testigos de la
preparación de este escenario de confrontación: asaltos a buques petroleros,
ataques a supuestas "narcolanchas", la ocupación militar del Caribe y
los bombardeos de enero de este año. Todo ello representa un robo descarado y
una provocación a la dignidad nacional.
Reconocemos la complejidad de la tarea
que enfrenta el gobierno, al negociar con una potencia que históricamente ha
pretendido adueñarse de nuestros recursos energéticos. Si bien entendemos que
la "diplomacia de paz" es una medida para preservar la tranquilidad
de la nación, nos preguntamos: ¿a qué costo? No cuestionamos la posibilidad de
hacer negocios petroleros, sino que alertamos sobre aquellos acuerdos que
puedan comprometer el porvenir de nuestra soberanía.
Hacemos un llamado a la conciencia del
pueblo: no callemos, no normalicemos la figura del agresor y no desprestigiemos
a quien piense diferente, pues el choque de ideas es la base del principio de
la dialéctica.
Recordemos que uno de los antiimperialistas más prominentes del siglo XXI fue venezolano y se llamó Hugo Rafael Chávez Frías. Hacemos un llamado a no señalar con descalificativos a quienes se definan antiimperialistas; en el mundo actual, hacen falta más voces antiimperialistas y menos hegemonías dominantes.